¡Hola! soy Paula
Después de años de diagnósticos vagos y síntomas que nadie sabía explicar, entendí que la solución no estaba en una farmacia, sino en mi cocina. Estos son los principios que transformaron mi salud y la de mi familia:
Identificar las Señales
Aprendí que la rosácea, las migrañas y la ansiedad no eran problemas aislados, sino gritos de auxilio de mi cuerpo por la inflamación crónica.
Sustitución Inteligente
No se trata de pasar hambre. Cambié las galletas y bebidas azucaradas por alimentos reales que me devolvieron la energía para jugar con mis hijos.
Conoce un poco de mi historia
Como muchos jóvenes, no prestaba atención a lo que comía; me encantaban las galletas, y bebidas cargadas de azúcar, hábitos que pronto comenzaron a pasarme factura. La rosácea fue la primera señal de inflamación en mi cuerpo, se manifestó a principios de mis veintes. En aquel entonces, no supe que era inflamación, consulté con un dermatólogo y su diagnóstico fue vago, «podría ser genético», sugirió inicialmente «o quizás debido a la exposición al sol», continuó, «aunque lo más probable es que sea provocado por tu ansiedad», sentenció, cabe mencionar que la ansiedad es también un síntoma de inflamación crónica, al igual que el aumento de peso, otro problema que experimenté durante esos años, sin embargo, en ese momento no tenía el conocimiento necesario para identificar la conexión entre estos síntomas. Hasta que conocí la dieta antiinflamatoria.
